Dice un refrán portugués: “peixe não puxa carroça”, o sea "el pescado no tira del carro", aunque está claro que pescado y marisco son los protagonistas de la cocina portuguesa.
Entre todos los platos destaca el bacalao, sabroso en todas sus variantes, y lo curioso es que, a pesar de ser la comida simbólica de Portugal, no se encuentra en las aguas de su litoral, sino tiene que ser importado.
Además del bacalao, para los que aman el pescado, pues la oferta gastronómica de Portugal es algo extraordinario. En la Costa de Estoril, cerca de Lisboa, se pueden pedir platos muy preciados: langostas suada, sargos, gambas, bueies de mar, percebes, róbalos, y el riquísimo lenguado de Cascais.
Lisboa es una ciudad donde comer es un verdadero placer, donde la comida es un momento donde compartir sabores y tertulias. En las terrazas se puede tomar un café, hablando, leyendo o bien haciendo nada más, sin pirsa. Así como hay que degustar sin prisa los muchos vinos de Portugal, entre muchos recordamos el frizante vinho verde del Minho, el porto de Villa Nova de Gaia, barrio de Oporto.
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